miércoles, 31 de diciembre de 2025

Granos de sonido (VIII)

 

-Roberto Santana- 


El viento de Falcón y la madera que profetiza


I. El salitre y la idea: La forja del Cantor del Pueblo


Alí Primera no fue un producto de la industria, sino una consecuencia del paisaje y la injusticia. Nacido en Coro, hijo de la tierra seca y el viento falconiano, su biografía es la de un hombre que transformó el malestar social en dialéctica musical. Para 1976, Alí ya no es el estudiante que partió a Rumanía; es un cuadro político-cultural que ha entendido que la canción es una herramienta de concientización y de lucha. Representa la síntesis del campesino que lee a Marx y el universitario que no olvida el sabor del chivo y el salitre. Es el "Cantor del Pueblo", un título que no le otorgó ninguna academia, sino la legitimidad de las barriadas y los campos.


II. El espejismo del oro negro: Venezuela bajo el "Ta’ barato"


El álbum germina en el corazón de la "Venezuela Saudita" de Carlos Andrés Pérez. Es la era del "Ta' barato, dame dos", una bonanza petrolera que ocultaba, bajo el barniz de la modernidad y el consumo desenfrenado, una desigualdad estructural lacerante. En 1976 se nacionaliza el petróleo y el país se embriaga con una opulencia que Alí denuncia como ficticia. Es una era de rascacielos que crecen dando la espalda a los cerros, de una bonanza que profundiza la dependencia. En este clima de "democracia perfecta", Alí lanza su álbum como una advertencia: la canción es "mansa" porque busca la paz, pero el pueblo es "bravo" porque la injusticia tiene un límite.


III. Entre el destierro del Sur y el anfitrión del Norte: El mapa de la Nueva Canción


En 1976, la Nueva Canción Latinoamericana está en una fase de madurez y tragedia. Mientras el Cono Sur se hundía en un silencio sólo interrumpido por el paso de las botas militares, Venezuela aparecería en las vitrinas del mercado político hegemónico como una isla de libertad formal. Caracas se convirtió en puerto de abrigo para los exiliados que traían la herencia de Víctor Jara y Mercedes Sosa. Alí Primera logra en este año consolidar una síntesis: no sólo se trata de denunciar, sino de musicalizar la identidad nacional dándole a la escena venezolana una dimensión continental e internacionalista, compitiendo frontalmente con la balada edulcorada de la radio, que en ese entonces atravesaba su edad de oro.


IV. La estética de cigarrón: El sonido de la identidad total


Canción mansa para un pueblo bravo se caracteriza por una madurez en la producción que trasciende el panfleto. Es una sinfonía de la tierra grabada bajo el sello propio de Alí, Cigarrón. El disco se siente orgánico, sudado, grabado con la urgencia de quien sabe que el tiempo de la redención es ahora. La característica principal es su dualidad: la "mansedumbre" rítmica de la canción de cuna o el valse, que sirve de vehículo para una lírica "brava" y punzante donde el paisaje y la denuncia se funden en una sola imagen narrativa.


V. Los obreros de la cuerda y el cuero: La instrumentación


El desempeño instrumental destaca por una sobriedad virtuosa que privilegia lo orgánico. El Cuatro venezolano es la columna vertebral, el esqueleto percutivo y armónico de la obra. La guitarra acústica y el bajo aportan una profundidad casi telúrica, anclando las melodías a una base sólida que se expande en la riqueza rítmica de Venezuela con el uso de tamboras, maracas y ritmos que evocan el golpe larense o el galerón margariteño.

Flautas y cuerdas aparecen para suavizar la aspereza, creando pasajes pastorales que llevan el signo de la "mansedumbre".

Los músicos involucrados no buscan el solo estelar, sino el contrapunto necesario para que la voz de Alí, con su textura áspera y sincera, lidere el asalto sensorial.


VI. El pulso de la tierra: La síncopa como barricada


El impacto de las formas rítmicas es estructural y dialéctico. Alí no "usa" el folklore; Alí es el folklore en pie de lucha.

El Golpe Larense y la "Bravura" Colectiva proporcionan una urgencia rítmica en un frenético 6/8. La síncopa genera una tensión natural que Alí aprovecha para subrayar la denuncia. Cuando el ritmo se acelera, la canción deja de ser un lamento para convertirse en una marcha; es la polirritmia del campo puesta al servicio de la agitación urbana. Mientras tanto, la Tonada y el Valse, esas formas de tempo reposado construyen la parte "mansa". Alí utiliza la dulzura del valse para desarmar al oyente, creando un espacio de ternura necesaria antes de soltar la carga de profundidad política. Esta alternancia le da al álbum una dinámica de respiración: el disco inhala aire de la tierra y exhala fuego de la lucha.

VII. Entre patria y poesía: El camino estilístico


Al comparar con el disco anterior, La patria es el hombre (1975) notamos una evolución del "yo" al "nosotros". El álbum anterior era una exploración más seca de la identidad individual frente a la nación. Canción mansa es más expansivo, orquestado y con una visión más estratégica para ser "cantado" por las masas.

El álbum posterior –Cuando nombro la poesía (1977) se torna más introspectivo y metafórico. Canción mansa se sitúa como el pico de su etapa combativa-narrativa, el equilibrio perfecto entre la pólvora y el clavel.


VIII. Celuloide y barro: La imagen que le puso rostro al grito


La película homónima de Giancarlo Carrer (1976) no fue un complemento, sino el espejo que elevó el álbum a su dimensión mítica. Al mostrar las barriadas y el éxodo rural, la película transformó las letras de Alí en evidencias cinematográficas. Capturó la esencia del "Cigarrón" como un ser pequeño pero persistente, rompiendo la distancia entre el artista y el pueblo. Este cruce de lenguajes convirtió al álbum en un manifiesto multimedia pionero en Venezuela; a partir de entonces, el disco quedó indisolublemente ligado a las imágenes de dignidad insurgente grabadas en la retina colectiva.

IX. La siembra en la memoria: Trascendencia y aporte


La importancia de este álbum es total: consolidó a Alí como el referente indiscutible del canto popular. Logró sacar la canción de protesta de las universidades para llevarla a los sindicatos y los cerros. En América Latina, aportó una veta caribeña y llanera a un movimiento dominado por la estética andina, demostrando que se podía ser profundamente nacionalista y radicalmente internacionalista.


Veredicto


Canción mansa para un pueblo bravo es el mapa genético de la canción de autor venezolana. Es #Esencial porque logra la difícil tarea de ser un disco político que no caduca, gracias a su altísimo nivel poético y a un respeto sagrado por sus raíces rítmicas. Es una clase magistral de cómo utilizar la música tradicional para sostener una narrativa de cambio social sin perder el valor estético. Es, en definitiva, el pulso vital de un pueblo que buscaba su propio nombre en una década de espejismos.

Alí Primera - Canción mansa para un pueblo bravo (1978)


Venezuela


Nueva Canción Latinoamericana


#Esencial


martes, 30 de diciembre de 2025

¡Feliz y próspero Año Nuevo 2026!

-Rafael Ortega-


En nombre de Zona de Tolerancia y FundaArawak, deseamos a toda nuestra comunidad un 2026 lleno de luz, cultura y muchas realizaciones.

Que este nuevo año nos traiga inspiración para crear, fuerza para seguir adelante y momentos de profunda conexión. Que la diversidad de nuestras expresiones artísticas y culturales continúen enriqueciendo nuestros lazos.

Agradecemos su compañía y apoyo constante. ¡Celebremos juntos un futuro vibrante!

Con afecto y los mejores deseos, ¡feliz y próspero Año Nuevo 2026! 

Rondalla decembrina (última salida...)

RondallaConjunto musical de instrumentos de cuerda; Cuento, conseja, romance; Conjunto de personas que van tocando y cantando por la calle.


Edición y nota: Manuel Cabesa


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¿Cuánto tiempo dura el presente?


-Manuel Cabesa-

(Cariaco / estado Sucre)


Llegó el fin de año, un instante en el que el tiempo se detiene en un abrazo mientras nos deseamos venturas y cambios. Pero en realidad nada cambia del todo, seguimos donde estamos, pero aun así sentimos que algo se mueve dentro de nosotros. 

Entre brindis y agasajos uno descubre que vivir no consiste en cerrar etapas, sino en seguir caminando con lo poco que aprendimos a cuestas. 

El año nuevo no trae nada nuevo: trae lo sencillamente humano de siempre: las mismas preguntas, quizás formuladas de otra manera; las mismas dudas, quizás asumidas con más resignación; y nos invita, sin prometer nada, a volver a intentarlo con más memoria y menos miedo.

Porque la verdad no se trata de que vayamos a empezar desde cero, sino de darnos cuenta que hay que tratar de hacer el esfuerzo de seguir adelante con algún sentido y un poquito más de responsabilidad. 

De entender que no hay renovación y que continuar adelante es una forma de quedarnos haciendo las mismas cosas porque los tiempos no cambian aunque tengan nueva nomenclatura, y nosotros seguimos siendo tan tercos que nunca terminamos de aprender. 

Aún así seguimos empeñados, al mismo tiempo, en hacer algo importante de todas maneras: Vivir que, aunque no lo parezca, ya es bastante.



¡Feliz Año 2026!

Granos de sonido (VII)

 


-Roberto Santana- 


La máquina tenebrosa sufre un bajón eléctrico


En septiembre de 1972, Black Sabbath lanzó su cuarto álbum. Venían de haber desarrollado una carrera fenomenal de tres años con sus primeros tres álbumes, Black Sabbath, Paranoid y Master of reality (todos disponibles aquí) que conquistaron el mundo y prácticamente lanzaron por sí solos una nueva forma de rock más pesada y oscura, lo que según muchos significa que ellos solos inventaron el heavy metal y el doom metal.

A medida que la banda se hacía más famosa y caía cada vez más en las trampas del estrellato del rock, también las presiones se apoderaban de ella, y fue precisamente cuando entraban al estudio para grabar su cuarto álbum, titulado de una forma tan poco emocionante, que las adicciones a las drogas comenzaban a pasar factura. A medida que la buena vida se volvía cada vez más fácil de alcanzar, las tentaciones de abusar de algo bueno comenzaban a sofocar los procesos creativos que habían convertido a Black Sabbath en un nombre tan relevante en tan poco tiempo.

Muchos cambios estaban en marcha para los miembros de Sabbath. Primero, la banda dejó ir al productor Rodger Bain e Iommi tomó el control del proceso de producción alegando que Bain no estaba capturando el verdadero potencial de la banda. Y así, el cuarteto se dirigió al estudio en Los Ángeles con los altavoces llenos de cocaína y se propuso llevar a la banda al siguiente nivel en sus propios términos, y esos términos serían un enfoque en el doom y stoner metal lleno de riffs de guitarra más pesados de los primeros tres álbumes con algunos toques experimentales. Extrañamente y mismo tiempo, este álbum es mucho más hard rock, con muchas influencias psicodélicas, lo que podría explicar esos coqueteos (un poco faltos de dirección, seamos francos) con la experimentación.

Impulsados por las drogas y la ambición, los miembros de la banda descubrieron una nueva vida en la ciudad del pecado y Geezer Butler contó en una entrevista con Guitar World en 2001 que este fue el punto en el que la formación clásica comenzó su inevitable combustión lenta hacia la implosión.

Vol. 4 es, en muchos sentidos, más de lo mismo, pero también algo completamente diferente. Resulta ser un álbum muy desigual después de la casi absoluta perfección de los tres primeros trabajos de la banda. Aparentemente, se necesitó un productor externo para organizar y cuidar a estos niños en una tienda de dulces, ya que Vol. 4 resulta ser un asunto bastante convencional con algunos números aleatorios incluidos para variar, aunque los elogios a Iommi como productor no están nada mal en sí mismos. La mayor parte de los temas del álbum siguen las mismas reglas del manual que hicieron que la banda se hiciera notar: ganchos de guitarra psicodélicos, pesados y pegadizos empapados de distorsión con un estilo bluesero de chico malo y riffs cíclicos que intercambia punteos enérgicos con acordes potentes, lentos y pesados. Se producen algunas mejoras interesantes: excelentes efectos melódicos de doble solo de guitarra y una gran destreza compositiva que en ocasiones rozan el rock progresivo son algunos de los destellos que mantienen esta obra funcionando.

Algunas composiciones destacan como territorios inexplorados por Sabbath hasta el momento. La primera es la inesperada balada sentimental Changes, que no tiene nada de rock pesado, sino que es más bien un piano con acompañamiento sinfónico y letras que lamentan la pérdida de la esposa de Bill Ward. En un claro intento por aprovecharse del público sentimental en busca de un posible acierto comercial, la canción es ampliamente considerada como una de las más fuera de lugar de los primeros álbumes de Sabbath y, afortunadamente, fue descartada de las presentaciones en vivo después de la siguiente gira. Por si fuera poco, dejó huella en Ozzy, quien añadiría baladas igualmente insípidas a lo largo de su futura carrera en solitario, y la canción eventualmente, años después (¡ja!), sería regrabada por Kelly, la hija de Ozzy. ¿Es una broma?, ¡por favor! Otra pista que nos deja perplejos –y no precisamente para bien– es la pieza electrónica "experimental" FX, que, honestamente, no lleva a ninguna parte y también parece una decisión tomada para conquistar a algunas de las emergentes audiencias de la electrónica que estaban ganando impulso por la misma época. Pero cada cual a lo suyo, hay que hacer lo que se sabe hacer, hermanos. Y si estás pensando en abordar nuevos territorios, lo mejor es que antes te tomes el trabajo de investigar y prepararte un poco. ¡Por Dios! En 1972 Tangerine Dream acababa de publicar Zeit, ¿y tú me vienes con esta... cosa?

Laguna sunrise, otra pequeña ruptura del molde sabáthico suena mucho mejor, pero también está un poco fuera de lugar en un álbum de Sabbath. Se siente como algo sacado de Houses of the holy de Led Zeppelin, con un toque de Sabbath, pero es solo un instrumental de guitarra acústica con un acompañamiento más sinfónico, similar a los breves intermedios de Master of reality, sólo que más relajado y folk. 

Tenemos entonces, con algunas interrupciones, el rock pesado y distorsionado de Black Sabbath, en ocasiones con un poco más de groove (estoy pensando en St. Vitus Dance) pero que con frecuencia parece no coger el impulso necesario para llegar a donde sugiere, lo que es un claro indicador, si no se ha demostrado ya, de que Sabbath estaba funcionando en piloto automático mientras gastaba la mitad de su presupuesto en excesos de toda clase.

De los seis primeros álbumes de Black Sabbath, siempre he considerado que el Vol. 4 es el más flojo y, a pesar de sus intentos de experimentar en múltiples direcciones, también el menos efectivo. No obstante, es difícil ser demasiado duro con este álbum clásico porque ofrece momentos de rock pesado de gran calidad con todo lujo de detalles, y como un intento de llevar las cosas a un enfoque de hard rock más simplificado, Vol 4 cumple la tarea. El problema es que el álbum está intercalado entre varios álbumes mejores antes y después que suenan más cohesivos, más profesionales e infinitamente más interesantes desde un punto de vista musical. Si bien la banda estaba satisfecha consigo misma, los críticos y los fanáticos no lo estaban tanto, ya que la banda había perdido un poco de ese lado oscuro y misterioso. Las pistas presentadas aquí resultaron bastante sosas en comparación. Sin embargo, a pesar de los fallos, VOL. 4 todavía se presenta como un clásico de los primeros años del metal.

Entonces, Vol. 4 es el primer álbum que muestra signos de declive dentro de Black Sabbath, pero pongamos esa afirmación en perspectiva. Este es Sabbath retrocediendo cinco pasos después de haber avanzado cien. En definitiva, este es otro lanzamiento de calidad del cuarteto de Birmingham, aunque no tenga la calidad de sus predecesores. Así que, aunque quizás el tiempo le estaba pasando factura a Sabbath, este álbum sigue estando a la altura de sus creadores.

Black Sabbath - Vol. 4 (1972)


Inglaterra


Heavy Metal, Hard Rock con profecías de Traditional Doom Metal


Excelente

Músicos


•Ozzy Osbourne: voz

•Tony Iommi: guitarras, piano, mellotrón

•Geezer Butler: bajo, mellotrón

•Bill Ward: batería, percusión

Rock progresivo (y esas cosas)... VIII



-Roberto Santana- 


La encrucijada de una crisálida: El arte inacabado de This was


El debut de Jethro Tull en 1968 funciona como el retrato de una banda en una crucial encrucijada artística. Anclado en el vibrante blues rock británico, el disco es un documento sonoro crudo y visceral que deja entrever la tensión y la creatividad de una formación que, irónicamente, se desintegraría casi tan pronto como se formó. Su esencia consiste en el fascinante choque entre el blues de Mick Abrahams y la visión de Ian Anderson.

La guitarra de Abrahams, enraizada en la tradición de Chicago, se enfrenta al swing jazzístico y la impronta folclórica de la flauta de Anderson, creando una fusión que es simultáneamente áspera y elegante. Este no es el rock progresivo teatral que Jethro Tull abrazaría después, sino una obra de urgencia y precisión primigenia. La producción, intencionalmente despojada, captura la energía de una banda que se sentía en un momento de definición, y las letras de Anderson, aunque deudoras del blues, ya muestran su inclinación por la narrativa excéntrica y la introspección.


El álbum, que fue un éxito comercial, marca un punto de no retorno. Con la partida de Abrahams, This was se convirtió en un epílogo involuntario del sonido que pudo haber sido. El título no sólo es retrospectivo, sino también profético: es el adiós de la banda a sus raíces, un adiós que era, en sí mismo, un nuevo y audaz comienzo.

Jethro Tull - This was (1968)


Inglaterra


Blues Rock con elementos de Folk Rock, Jazz Rock


Excelente


Músicos


•Ian Anderson: voz, flauta, armónica, "claghorn" (6), piano (10)

•Mick Abrahams: guitarra, guitarra de 9 cuerdas (4), voz principal (4) y coros

•Glenn Cornick: bajo

•Clive Bunker: batería, melódica, pulsera de dijes

Con:

•David Palmer: metales (4) y cuarteto de cuerdas (13) arreglista y director













lunes, 29 de diciembre de 2025

El rumor de los suburbios: Una lectura a las músicas de las márgenes



-Ysbel Mejías-


En las calles hasta sombras bailan.

Entre nuestras lecturas decembrinas, nos hemos topado con este libro escrito por Valentín Ladrero, un autor español y publicado por La Oveja Roja.

De este libro puedo comentarte que está escrito con una perspectiva crítica en torno a esa relación entre cultura y clase, en la que la música es uno de los elementos culturales de mayor expansión y por tanto uno de los más mercantilizados; la música goza de trabajos detallados bien sea desde su creación - producción - reproducción.

También quienes se dedican a escribir sobre este fenómeno cultural global desarrollan propuestas como las de Ladrero, que nos muestra en este ensayo como la gente que habita en las muchas periferias sociales y geográficas hacen suyos los registros de la música.

Valentín Ladrero


Tanto desde esa convergencia mercantil en la industria musical, o desde pulsiones más contestarías. Es, en estás pulsiones musicales emergidas desde los suburbios o márgenes socio-geográficas; dónde Ladrero coloca su mirada para mostrarnos como estas producciones pasan por estigmas y prejuicios antes de ser provistas de algún reconocimiento.

El recorrido contextual que se realiza en esta lectura establece puentes entre el siglo XX y las primeras décadas del siglo XXI, se hace en un sinfín de locaciones: como parques, pequeños refugios, edificios, callejones entre otros lugares en los que hombres y mujeres se encuentran para escribir su propia historia a través de la música.

Resulta interesante leer este libro de Valentín Ladrero, a quien la música se le cruzó en el camino y luego de trabajar en la industria musical por 15 años decidió largarse para dedicarse a escribir sobre la música y escuchar los discos que su trabajo no le permitió escuchar.

Rondalla decembrina (décimo octava salida...)

Rondalla: Conjunto musical de instrumentos de cuerda; Cuento, conseja, romance; Conjunto de personas que van tocando y cantando por la calle.


Edición y nota: Manuel Cabesa


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Ya cerca del Año Nuevo y casi sin recursos, la imaginación vuela y resuelve el último festín del año y se prepara para los tiempos venideros...


(mcabesa)


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Nochevieja


-Julio César Pérez-

(Santa Cruz/ estado Aragua)


Dormía plácidamente en un banco metálico hecho con tubos de dos por una, a pleno sol. 

De cuerpo voluminoso, oscuro, muy oscuro, pasaba la mona de dos días de farra desmedida. Parecía más bien un cochino tirado sobre una parrilla asándose con el calor del sol.

Lo mismo pensaban los otros vikingos, compañeros de todos los días de la misma farra continuada en el tiempo.

Así que colocaron leña debajo del banco y la encendieron. Cuando sintió el excesivo calor, dentro de su semi-inconciencia pensó que el sol le estaba calentando más de la cuenta un lado del cuerpo. Se dio la vuelta.

Al condumio fueron invitados todos los compañeros de los alrededores y de más allá. Sería una buena cena de año nuevo.


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La nueva mitología


-J. M. Llerena-


Aventurarme fuera de los límites de La Comunidad rindió frutos: cacé un conejo bastante escuálido. Mi Mujer se pondrá contenta. No es mucho, pero ya ni recuerdo la última vez que comimos carne. 

Esta nueva raza de roedores son criaturas subterráneas, inermes y asustadizas, que raras veces salen a la superficie. Aprendieron a permanecer en silencio, ocultos, a reconocer el peligro de exponerse abiertamente a un mundo dominado por el depredador.  

Lo maté con mi honda de horqueta de guayaba. Una reliquia heredada de mi padre. Los palos de guayaba, como las festividades navideñas y muchas otras cosas, pasaron a formar parte de la nueva mitología de la que suelen hablar, alrededor de las hogueras en noches sin luna ni luz eléctrica, los contados ancianos que sobreviven.      

El tiempo se convirtió en un elemento extraño, ajeno a los relojes, como estacionado en una perenne cuenta regresiva. Ahora se mide por la cantidad de luz en el cielo, que tampoco es una referencia confiable dado el alto grado de contaminación y el desorden climático.

Finales de diciembre, ¿o principios de enero? Da igual. Poco o nada queda de la memoria de antiguas tradiciones. Los días carecen de sentido. No hay distinción entre lunes o sábado. En el fondo a nadie le importa. Sólo existe un día y un propósito: hoy, tratar de sobrevivir hoy.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Rondalla decembrina (décimo séptima salida...)

Rondalla: Conjunto musical de instrumentos de cuerda; Cuento, conseja, romance; Conjunto de personas que van tocando y cantando por la calle.


Edición y nota: Manuel Cabesa


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Ya cerca del Año Nuevo, nos damos cuenta de que la Navidad es también un reencuentro con aquella presencia que siempre nos acompaña aunque no esté cerca...


(mcabesa)



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La sonrisa de la madre


-Fernando Savater-

(San Sebastián/España)


Pasados los 50 años, solo hay ya dos tipos de personas: los que recuerdan con emoción las Navidades de antaño y siguen celebrando la fiesta y los que han tenido que inventarse algo para consolarse de no tener Navidades. Estos últimos, pobrecitos, arguyen que no son creyentes o que son festejos consumistas en los que se niegan a participar. Por supuesto, no hace falta ser creyente para sentir y celebrar la Navidad: en todo caso, no se trata de creer en Dios, sino de creer en la Navidad. Y para eso no es necesario gastarse todos los ahorros ni montar una gran fiesta con todos los parientes imaginables. Basta con recordar, pero recordar de veras —con lágrimas en los ojos, si tenemos ese «don de lágrimas» del que habló San Agustín—, la sonrisa de nuestra madre.

Si ella vive aún y tenemos la enorme suerte de poder disfrutarla todavía, no será necesario que vayamos a ninguna tienda para gozar la Navidad: aunque estemos solos, aunque no podamos pagarnos una opípara cena, lo más invencible de la Navidad nos acompaña, sin que nadie pueda borrárnosla del alma. Pero si ella ha muerto, tampoco importa tanto, porque quien ha tenido madre la tiene para siempre: las madres son eternas, indestructibles, están hechas de la misma fibra imperecedera y leve que nuestros sueños. Un verso de Virgilio canta que aquel a quien nunca ha sonreído su madre jamás conocerá tampoco la sonrisa de los dioses. Esa sonrisa, la tan recordada de la madre, la divina, vuelve a nosotros al menos una vez al año, por cada Navidad.

Si alguien no sabe de lo que estoy hablando, solo me queda compadecerlo, pero no tratar de consolarle: en estas cuestiones amorosas en que nos va la vida hay que ser saludablemente egoístas. Lo único que puedo hacer en su favor es recomendarle para estas Pascuas que le resultarán tan aburridas la lectura de un libro, por ejemplo.

El oso en la plaza, un campo de batalla semiótico: ¿adorno, símbolo capitalista o emblema geopolítico?

-Argenis Delgado-


En las plazas de Maracay, bajo el sol tropical, el oso polar navideño se erige como una figura aparentemente inocente. Sin embargo, en el contexto venezolano actual —caracterizado por una feroz batalla económica, una guerra de narrativas y una amenaza constante de intervención imperialista— este adorno deja de ser trivial. Se convierte en un campo de batalla semiótico donde chocan significados ecológicos, económicos y geopolíticos, revelando las profundas contradicciones de nuestro tiempo.


Primera capa: El absurdo ecológico y la colonización cultural


Geográficamente, el oso polar es un sinsentido. Venezuela, país tropical y megadiverso, tiene como emblema faunístico de sus Andes al oso frontino, una especie en peligro. La adopción acrítica del oso polar como ícono navideño refleja una colonización cultural que impone imaginarios nórdicos (nieve, frío extremo) sobre nuestra realidad decembrina de aguinaldos, hallacas y parrandas bajo un cielo veranero. Es una oportunidad perdida para celebrar con símbolos arraigados en nuestro territorio y nuestra biodiversidad única.


Segunda capa: El oso capitalista: La sombra de la Cervecería Polar


En Venezuela, el oso polar es, ante todo, una marca registrada: el símbolo corporativo de la Cervecería Polar, corazón del consorcio empresarial Polar C.A., el principal emporio capitalista del país. Su presencia en plazas públicas opera como publicidad monumental y normalizada de una corporación privada en el espacio cívico. En una sociedad con una marcada lucha de clases y una tensión histórica entre el proyecto socialista y el capital privado, ver este ícono del poder económico burgués adornando plazas públicas es una paradoja política de primer orden. Naturaliza, en el ámbito de lo festivo popular, un símbolo de un poder que ha tenido relaciones conflictivas con el Estado revolucionario.


Tercera capa: El exilio oso geopolítico: ¿Un guiño a la alianza con Rusia?


Aquí el análisis se complejiza. A escala global, el oso (pardo) es el emblema animal de la Federación de Rusia, el principal aliado estratégico, militar y político de Venezuela en su confrontación con el imperialismo estadounidense. El «Oso Ruso» simboliza fortaleza, soberanía y resistencia en el bloque multipolar. Desde esta óptica, la figura en la plaza podría intentar una resignificación geopolítica: ya no sería el oso de la Polar, sino el «Oso de la Alianza Estratégica Ruso-Venezolana». En medio de una guerra híbrida, donde cada símbolo cuenta, podría leerse como un mensaje subliminal de fortaleza y apoyo internacional.


La gran contradicción: Un símbolo para dos polos opuestos


Esta dualidad crea una tensión irresoluble: un mismo significante representa a dos fuerzas antagónicas en el conflicto nacional. Para un sector, es la mascota de la burguesía; para otro, podría ser el emblema del aliado socialista euroasiático. Esta ambigüedad convierte al adorno en un artefacto semiótico peligrosamente inestable. Lejos de ser un mensaje claro de soberanía, se presta para interpretaciones cruzadas que debilitan la narrativa oficial y perpetúan la colonización cultural y publicitaria del espacio público.


Conclusión: Hacia una soberanía simbólica clara e inequívoca


Precisamente por esta superposición de sentidos contradictorios, la pertinencia del oso polar como adorno público es más que cuestionable. En un momento histórico que exige claridad ideológica y defensa de la soberanía en todos los frentes, depender de un símbolo tan cargado de ambigüedades es un error estratégico. No se puede librar una batalla cultural con íconos prestados que, en el mejor de los casos, confunden y, en el peor, promocionan al adversario de clase.

La solución es la creación audaz de una simbología propia. Las plazas de Maracay y de toda Venezuela deben ser adornadas con:

Símbolos de nuestra biodiversidad: El oso frontino, el turpial, el araguaney, orquídeas. Una navidad verdaderamente ecológica y venezolana.

Símbolos de nuestras alianzas geopolíticas de forma explícita: Si se desea honrar a Rusia, hacerlo con símbolos creados en conjunto y claramente identificables, no con un animal prestado que remite primero a una cerveza.

Símbolos de la tradición popular venezolana: Pesebres con paisajes andinos o llaneros, figuras de nuestra cultura, que refuercen la identidad nacional.

Retirar el oso polar no es censura; es un acto de higiene semiótica y soberanía cultural. Es descolonizar nuestro imaginario navideño, despejar el espacio público de publicidad corporativa encubierta y, sobre todo, enviar un mensaje claro y potente: hasta en el detalle más aparentemente pequeño, Venezuela defiende su derecho a crear sus propios significados, libres de ambigüedades capitalistas y de imposiciones culturales foráneas. En tiempos de guerra contra el imperio, la coherencia simbólica también es una trinchera.

Rondalla decembrina (décimo sexta salida...)

Rondalla: Conjunto musical de instrumentos de cuerda; Cuento, conseja, romance; Vonjunto de personas que van tocando y cantando por la calle.


Edición y nota: Manuel Cabesa


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No hay ilusión más grande durante la infancia que la llegada del Niño Jesús, pero a veces, contra lo esperado se devela el misterio mucho antes de lo previsto y todavía siendo niños perdemos la inocencia, de golpe entramos en la edad adulta mientras un pedacito de nosotros se quiebra para siempre...


(mcabesa)



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Pérdida de la inocencia


 -Julio César Pérez-

(Santa Cruz / estado Aragua)


Bueno, sería de manera general, porque creo que uno tiene como varias inocencias que va perdiendo a lo largo de la vida, hasta que pierde la última: la que no era inmortal. Lo que sí creo que es como la primera gran inocencia.

Un cinco de enero, víspera de Reyes, estaba ya acostado para dormir, pero sentadas en mi cama estaba mi mamá, mi tía Josefina, y mi prima Tere, ya mayor, parada cerca de la cama. Conversaban animadamente. Yo extrañado, no era normal la presencia de ellas allí, a menos que estuviera enfermo, pero no era el caso. 

Oyéndolas, me acurruqué de lado y cerré mis ojos; no por sueño, era lo agradable de la compañía y la conversación. De pronto guardaron silencio. Mi madre apagó la luz y salieron sin hacer ruido. Me quedé en la misma posición buscando el sueño. Casi en seguida, se vuelve a abrir la puerta y, sin moverme, abro los ojos para ver quién era. 

Entraba un rayo de luz del comedor, lo que me permitió ver a mi madre, mi tía y mi prima, en fila india, recorrer primero por el lado de la cama de mi hermano mayor, que ya tenía rato durmiendo, y luego por la mía.

Este recuerdo ha permanecido en mi memoria desde ese instante, al igual que muchos otros. Lo curioso es que tendría unos siete u ocho años y aún hoy lo rememoro nítidamente.

Años después fue que comprendí lo que estaban haciendo. Si me hubiese movido o dicho algo; o, después que salieron, me hubiese asomado para ver porqué mi madre se había inclinado un poco, tanto en la cama de mi hermano como en la mía, mi inocencia la habría perdido como un año antes, en una situación muy diferente.

Entonces cursaba mi segundo tercer grado (me habían aplazado en el primero). Estábamos por iniciar las vacaciones de diciembre y entre condiscipulos, comentábamos la traída de regalos del Niño Jesús. 

La maestra (fue una maestra), oyéndonos dijo: “Les voy a decir algo, pero no digan que yo se los dije. El Niño Jesús son los papás de uno”. 

Todos nos miramos, eramos niños de más o menos ocho años. Nadie dijo nada. Supongo que ninguno de los niños que estábamos en el salón sabíamos esa gran verdad, todavía estábamos en "la edad de la inocencia". Luego la maestra siguió dando su clase como si nada. 

Lo cierto es que perdí mi primera gran inocencia de manera muy simple, la maestra de tercer grado lo hizo. Pero de esto estuve claro años después. En ese momento me sentía poseedor de un secreto importante, de gran valor.

Tan importante que, ufanándome de tener un secreto que él no tenía, se lo dije a mi hermano mayor con previo juramento que no diría nada, pero como era muy chismoso, fue raudo a decirle a nuestra madre el gran secreto develado por mi maestra.

“¿Así es la cosa? Bueno, se acabó el Niño Jesús para ustedes, si le dicen algo a sus hermanos menores, los agarro con la correa”.

Esa navidad no hubo regalo para nosotros, ni ninguna otra. De manera que no sólo perdí la inocencia, también el Niño Jesús.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Cinco poemas de Rosanit Rodríguez

¿Escribir? 


Se puede escribir  

en la brisa de la noche, 

en un corazón herido, 

alegre, emocionado, 

en una mente confundida, 

lúcida, enamorada, 

en un cuerpo 

carente de caricias, 

lleno de ansiedad, 

de amor, de ternura,  

con los recuerdos 

en la memoria de una visión, 

un olor o un sabor, 

en las páginas del día a día 

se van creando las más 

hermosas historias 

dejando huellas  

en el lienzo de la vida.


**


Ensimismada la noche

cuando el relator 

describe su día.


** 


El domingo me levanto temprano,

me coloco un vestido blanco, 

de perlas,

y voy a verme con mi amado, 

siempre atento, amoroso, 

durante nuestra cita,  

en silencio,

suavemente me acaricia el rostro,

con la suave brisa de la mañana.


Muy pronto vendrá por mí,

en un carruaje dorado, 

soy su princesa,

de valor incalculable,

hermosa perla preciosa.


Al sentir su presencia, 

abro mis brazos,

y como un fuego abrasante

entra en mi regazo todo su amor.


De su promesa me alimento,

anhelo, suspiro y espero. 


**


Sin darme cuenta 

me volví poeta,

como un cóndor 

a media noche,

sin aplausos,

sin prisa, 

inspirada 

en su inmenso amor.


Él lo abarca todo,

llena mi ser con su presencia,

me cobija 

con su elegante ternura

me enloquece.


Soy esa loca envuelta 

en la luz de su esplendor,

no lo puedo ocultar.


Se me nota al sonreír 

cuando me encuentro 

con la brisa,

y el rocío de la mañana 

que cae de la nada.


**


Dura es la distancia, 

cuando el alma duele, 

el corazón llora en silencio,

de madrugada  

los ojos se entristecen,

cuando añoran tu silueta,

linda, hermosa 

en medio de la aurora,

te deseo lo mejor,

en esta navidad, 

querida hermana. 



(Palo Negro / estado Aragua)

viernes, 26 de diciembre de 2025

Rondalla decembrina (décimo quinta salida...)

Rondalla: Conjunto musical de instrumentos de cuerda; Cuento, conseja, romance; Conjunto de personas que van tocando y cantando por la calle.


Edición y nota: Manuel Cabesa


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No hay ilusión más grande durante la infancia que la llegada del Niño Jesús, la expectativa del regalo, la sorpresa al recibirlo y, a veces, los fiascos al ver que no llegó el juguete esperado forman parte del anecdotario de cualquier adulto que rememora la noche del 24 luego que han pasado los años. Esta nueva rondalla, como la de ayer, también está dedicada a ese momento.


(mcabesa)


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El Niño Jesús


-Juan Francisco Lara-

(San Mateo/estado Aragua)


Allá por el 69, vivíamos en el barrio Casablanca, allá por Caracas, mis padres y mis cuatro hermanos; tenía yo 9 años, se acercaba diciembre y como todos los años nos preguntábamos ¿qué nos traería el Niño Jesús de regalo este año? Casi siempre eran juguetes, carritos, pistolas o rifles de vaquero y también juegos de mesa. 

En la misma calle donde vivíamos a unas dos casas, había una cancha de bolas criollas que pertenecía a la señora Dolores Villamizar. Ella tenía un marido que era chofer de autobús de la ruta Gramovén-Chacaíto que se llamaba Jesús Rodríguez. 

Por esos días se me ocurrió sentarme en la acera frente a la cancha de bolas. Mamá nos había prohibido acercarnos a la cancha pues ahí bebían cerveza y decían groserías, mala cosa para nosotros que éramos unos niños "serios". Veía yo desde la calle el juego y escuchaba las cosas que decían. 

Un jugador destacaba por encima de todos. Bochaba "clavao", arrimaba con exactitud y también era el mejor con las marranas; el que conoce el juego de bolas sabe de lo que estoy hablando. Este jugador, un zambo alto y ágil, vestía como Daniel Santos en un disco que papá tenía; zapatos blancos, pantalón ajustado y por nombre le decían Niño Jesús: "el Niño Jesús no pela un boche", "Apuesto cuatro tercios a que el Niño Jesús gana esta partida", decían. 

En ese momento quedé en shock. Este tipo alto y flaco era el niño Jesús, el mismo que traía regalos el 24 por la noche cuando ya dormíamos. En mi mente de niño volaban las preguntas sin respuesta, decidí guardar el secreto y no decir nada a mis hermanitos, mucho menos a papá o a mamá. Además no podía conciliar la imagen del autobusero campeón de bolas criollas con el pequeño bebé del pesebre en medio de las luces de navidad, de verdad fue algo traumático para mí.

Al fin llegó el esperado 24. A mis hermanos el Niño les trajo carritos y pistolas como siempre y a mí como era el más grande me trajo un radiecito marca Sanyo de color rojo, una sola banda y una antenita cromada: el mejor regalo del mundo para mí, la alegría no cabía en mi pequeño cuerpo. 

Desde entonces el Niño Jesús autobusero fue mi primer ídolo. Después fuimos creciendo y como niño que descubre su propia realidad, también descubrí lo del Niño Jesús. Los regalos eran de papá y mamá con todo el sacrificio y todo el amor del mundo. 

Así aprendí que aquel hombre del pueblo que manejaba autobús y jugaba bolas criollas, no tenía nada que ver con el milagro hermoso de la navidad que como todos los años estamos a punto de celebrar.

Años más tarde, cuando crecí y entraba en la vieja cancha de bolas a tomarme unas cervezas, llegué a compartir con el Niño Jesús autobusero quien además era buen contador de historias. Todo un milagro también, echarse palos con el Niño Jesús. 

Ya de aquel año 69 han pasado 56 años, pero yo todavía creo en el Niño Jesús, en los dos.

Vera una historia de (futuro) lector


-Manuel Cabesa-


He estado revisando las informaciones acerca del reciente Premio Planeta 2025, y no son nada alentadoras.

Al parecer "Vera una historia de amor" (así, sin la coma entre Vera y lo que sigue, sin paréntesis para lo que sigue y en última instancia sin acento en la primera palabra para que tenga un sentido: "Verá una historia de amor" y de esa manera advertir al lector lo que vino a ver), es una historia plana, sin incidentes, sin personajes profundos o atractivos al menos, ni otro ingrediente que justifique el tiempo que se le pueda dedicar. 

Creo que aún no circula de forma digital, y si así fuera no sé si vale la pena arriesgarse. El asunto es que hemos llegado al llegadero, al parecer: darle certificación a una escritura que cualquiera puede realizar para compartir en su Facebook sin que por eso se le considere un escritor.

Más temprano que tarde todo ese movimiento de banalización, frivolidad, y falta de innovación tenía que dominar la escena literaria y encaminarnos hacia una literatura que se expresa pero no dice, y si dice no seduce quedándose en la epidermis, que pretende conmover pero donde todo es amor, pan y mantequilla.

Llegados a este punto, cualquier persona que se lanza a escribir sin el más mínimo sentido de la responsabilidad que significa hacer una obra literaria aspirará premios y reconocimientos por cualquier cosa que salga de sus dedos (ya que para escribir así el cerebro entonces no hará falta) como sucede actualmente con todos los que publican a diario miles de poemas y textos en las redes y sólo aspiran el breve "me gusta" como señal de aprobación. 

Tampoco hará falta dedicarse años enteros a leer un sin fin de autores para penetrar en los laberintos del alma humana y aprehender los mecanismos del oficio, porque muchos prefieren ser "sensibles" antes que "inteligentes pero incomprendidos" o, y todavía peor, "difíciles de entender".

Juan Del Val, ganador del Premio Planeta 2025


Ya nadie lee a los autores que no sólo realizaron una obra, sino que con su esfuerzo fueron ejemplo para otros autores que se iniciaban en un campo minado de estructuras textuales y formulaciones lingüísticas; donde la Historia no era un simple recuento de hechos sino esa "pesadilla" de la Stephan Dedalus "no podía despertar" o el "infierno" según Jean Cocteau, y esto es válido tanto para la poesía como para la narrativa, para el ensayo como para el periodismo. 

Difícil sería pensar que, siguiendo este ritmo, alguien que aspira a llegar al Poema se introduzca en las radicalidades de un César Vallejo, Huidobro, Lezama Lima, Cernuda u Octavio Paz, por sólo mencionar los más importantes (entre varios) de nuestro idioma. O seguir las lecciones de Julio Cortázar, Juan Goytisolo, Carlos Fuentes o Alejo Carpentier, ídem en lo que respecta a la novela iberoamericana.

Bastará, entonces, como referentes los poemas más conocidos del frondoso Neruda y esas citas cada vez más sospechosas de Mario Benedetti que circulan por las redes para ser "sensibles" y aceptados por la mayoría, mientras se van acumulando uno a uno diplomas y reconocimientos a la labor de nuestro ego que, al parecer, será el único beneficiado en este proceso, mientras nuestro nivel intelectual retrocede. 


Posdata: no he leído el reciente Premio Planeta... quién sabe, a lo mejor lo leo y hasta me gusta, porque yo también soy muy sensible, me olvidaba decirlo.


25/12/2025

jueves, 25 de diciembre de 2025

Rondalla decembrina (décimo cuarta salida...)

Rondalla: Conjunto musical de instrumentos de cuerda; Cuento, conseja, romance; Conjunto de personas que van tocando y cantando por la calle.


Edición y nota: Manuel Cabesa


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No hay ilusión más grande durante la infancia que la llegada del Niño Jesús, la espectativa del regalo, la sorpresa al recibirlo y, a veces, los fiascos al ver que no llegó el juguete esperado forman parte del anecdotario de cualquier adulto que rememora la noche del 24 luego que han pasado los años. Esta rondalla está dedicada a ese momento.


(mcabesa)



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Los regalos del niño


-José Gregorio Barrios-

(Maracay/edo Aragua) 


En mi etapa de niño que recuerdo entre los cinco y ocho años, la llegada de la Navidad era un algo hermoso, algo que tenía su encanto con ese toque de inocencia que uno tiene a esa edad. 

De tantas cosas bonitas y graciosas que recuerdo era que cuando llegaba el Día del Niño Jesús y yo esperaba ansioso los regalos, los juguetes que me iba a traer, según la carta de petición que le había escrito al Niño Jesús y que en ocasiones me traía los juguetes que anhelaba y en otras ocasiones me traía juguetes que yo no le había pedido, pero ahora entiendo porqué. 

Pero lo que recuerdo bonito de esa época y que me trae mucha risa es que en el momento de recibir y abrir los empaques donde venían esos obsequios, mis hermanos mayores me ayudaban a destaparlos, yo muy metódico iba abriendo los regalos para que no se dañara el papel, pero ellos más ansiosos que yo abrían los regalos sin importar el envoltorio.  

Luego de descubrír las sorpresas, yo simplemente me hacía un espectador mientras contemplaba como ellos jugaban con mis obsequios. 

Cuando ellos ya satisfacían a su niño interno entonces era cuando yo tenía la oportunidad de disfrutar de mi regalo en ese momento y durante todo el año siguiente.

Fue una etapa muy bonita, muy graciosa, momentos únicos. La recuerdo con mucho cariño y nostalgia.

Rondalla decembrina (décima tercera salida...)


Rondalla: Conjunto musical de instrumentos de cuerda; Cuento, conseja, romance; Conjunto de personas que van tocando y cantando por la calle.


Edición y nota: Manuel Cabesa


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Con País portátil, Adriano González León se convirtió en uno de los narradores más importantes de finales del siglo XX en nuestro país; pero también fue un fino cronista, observador de aquellos acontecimientos que forman parte del carácter de un pueblo. A manera de conseja (una de las significaciones de la rondalla) compartimos en esta oportunidad fragmentos de un artículo suyo bastante antiguo. 


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Entre la historia y la leyenda


-Adriano González León-


Decir diciembre es decir Navidad. Es mirar en los escaparates rostros de una nobleza casi divina, pastores de barro celeste conduciendo rebaños inocentes, mozas con la frescura de los cántaros en la cabeza, estrellas de magia mínima por la gracia del talco y la hojalata. 

Y en medio de todo este universo, la serena humildad de José desata la admiración sobre María y Jesús. Espiados silenciosamente por el buey y la mula. Luego vienen las hierbas, los papelillos coloreados, las nubes de algodón, las coronas de muérdago, los astros de cristal y los animales puros. 

Todo lo que configura la navidad estática del almacén, ya que después, algún muchacho en un barrio cualquiera de la ciudad, con una caña de bambú cargada de materia explosiva, anunciará el momento de la acción, el tiempo en que la Navidad cobra movimiento y se hace fiesta por las calles y los parques. 

Es entonces cuando los carteros llaman a las puertas con tarjetas llenas de fervor de los amigos lejanos, cuando cohetes y triquitraques escandalizan por la esquina y las campanas se abren sonoras y magnificas y los patines levantan chispas sobre las avenidas y los juguetes abandonan sus cajas de cartón para entrar en la leyenda de los niños.

La vieja navidad, quizás desde los tiempos coloniales, fue la sobria reunión familiar en la que el dulce de lechosa, el turrón, el pan de jamón, la cena de hallacas y el vino añejo constituían las viandas de los invitados.

Esta es la Navidad. Esta es la historia y la leyenda de una fiesta de siglos tan vieja como el andar religioso por el mundo, tan llena de la más sabia esencia del hombre, empeñado en encontrar a través de símbolos y mitos. 

Toda esa coincidencia del nacimiento de los dioses en la Tierra señala la unidad misteriosa que hay en la imaginación creadora y en su deseo de hurgar en lo desconocido, de remover las peñas y mantener la Tierra y florecida. 

Y esos dioses sean árboles o piedras o ramas de muérdago, serán siempre el deseo más hondo y la más iluminada esperanza. Serán testimonio de que el hombre alguna vez inventó bellas historias para evitar las afrentas de los animales, de los incendios, de las estaciones y de los otros hombres. 


Caracas, 25 diciembre de 1954